La huella Adriana. Olivetti: conexiones urbanas, sociales y culturales entre Ivrea y Merlo

Francisco Sambrizzi

Ícono

La cuestión acerca de las prácticas de trabajo en relación a una renovada forma de vida en comunidad ha dado lugar a múltiples propuestas utópicas y sólo algunas concreciones. En Ivrea las motivaciones de un hombre fascinado por la técnica al servicio del espíritu humano continúa hoy como referente indiscutido identificando una ciudad con una marca: Olivetti. Su sede extramuros de Buenos Aires, instalada en la localidad de Merlo e inaugurada en 1960, abastecería a un mercado en crecimiento que aprovechaba coyunturas latinoamericanas. Se investigará el rol que este emprendimiento significó para la sociedad, analizando aquellos mecanismos de acción mediante los cuales se proyectó, ejecutó y comunicó una doctrina social sobre la producción industrial vinculada estrechamente a una comunidad.

Olivetti en Ivrea. Domus N°713, 1990.

Contexto

La cuestión acerca de las prácticas de trabajo en relación a una renovada forma de vida en comunidad ha dado lugar a una multiplicidad de propuestas y sólo algunas concreciones. Ya en Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX se habían destacado los llamados utópicos socialistas (Robert Owen, Charles Fourier,
Ethiene Cabet) con sus ideas de organización que integraban sociedad, trabajo y propiedad.
En oposición a los modelos progresistas, el urbanismo de corriente culturalista ha debatido acerca de proyectos de objetivos humanistas, compactos y plurifuncionales
cuyo mayor referente fue la garden city de Ebenezer Howard de 1898, surgida como
respuesta descentralizadora frente al impacto de la revolución industrial sobre el territorio y su presión expansiva hacia los suburbios.
Ya entrado el siglo XX y en el contexto de la gran metrópoli, el sociólogo estadounidense, Lewis Mumford (1934 y 1938), retomaría y ampliaría estos temas con una mirada multidisciplinar que imaginaba el futuro de la civilización en su integración de planeamiento, cultura y técnica. Por ese entonces, en Ivrea, provincia italiana de Turín, las motivaciones de un hombre fascinado por la técnica al servicio del espíritu humano continúa hoy como referente indiscutido identificando una ciudad con una
marca: Olivetti. Adriano Olivetti concibió su proyecto de desarrollo industrial acompañado de un paradigmático planeamiento social y urbano. Continuó y amplió el emprendimiento
familiar hasta transformarlo en una icónica organización de la eficiencia productiva. Su visión de la fábrica como establecimiento modelo al servicio de la comunidad, como potenciadora de las virtudes y prácticas humanas derivó en una comprometida política laboral y de vivienda en relación a instalaciones sociales, culturales y de trabajo.
Abogando siempre por la imperiosa necesidad de planificación en un país desbordado por la vorágine del crecimiento edilicio de la posguerra, se observará con agrado su activa participación en institutos y proyectos de planeamiento urbano y de vivienda. Sus
escritos, sus proyectos editoriales e incluso su actividad política cristalizada en la fundación del Movimento Comunità no hacen más que
direccionarlo hacia el mismo objetivo. La demostración de interés por la arquitectura,
con encargos edilicios a referentes italianos y una devoción especial por la figura de F. L.
Wright configuran aún más compleja esta enorme personalidad.

Jardín de infantes de Borgo, Ivrea, h1950. “Olivetti. Storia di un´impresa”, Associazione Archivio Storico Olivetti, Ivrea - Italia

Materia

Sobre un terreno de 123.000 m2 en la localidad de Merlo se proyectó un establecimiento
de 31.000 m2 que albergaría, en 1963, a doscientos empleados y mil operarios para
producir, inicialmente, máquinas de escribir, máquinas sumadoras y calculadoras. A partir de 1968, bajo los acuerdos de complementación de la ALALC, se introduce
una especialización en la producción de calculadoras y máquinas contables mecánicas,
cuyo éxito derivó en la ampliación de la planta.
El programa edilicio consistía en oficinas administrativas y técnicas, línea de montaje,
taller, escuela de aprendices (con aulas, taller, biblioteca y servicios sanitarios), comedor y cocina, enfermería, guardería, vestuarios
y depósitos. La central termoeléctrica, un pequeño edificio separado, se complementaba con la torre tanque de agua en medio de un parque con estacionamiento; en otro predio
se hallaba el campo deportivo. En el plano publicado tiempo después de su finalización
se encuentran algunas edificaciones de apoyo que se habrían agregado al proyecto original: dos porterías, el ya mencionado edificio de nursery, un edificio de bicicletas,
una torre de enfriamiento y una planta de tratamiento de líquidos residuales.
(…) En la publicación de la revista Summa se hacía mención a este hecho con naturalidad, destacando el cuidado otorgado al aspecto social «como en todas
las obras de Olivetti». Respecto a la calidad ambiental el proyecto contenía respuestas
tanto para la atmósfera de trabajo deseada de apertura visual e integración espacial como
para las instalaciones técnicas cuyo diseño se focalizaba en la conducción adecuada del aire mecanizado. Se debe destacar la mención que hace Giuducci acerca de los recursos utilizados con el objetivo de lograr un espacio de confort
para los obreros: «La máxima atención de los servicios, la atención para crear un ambiente
confortable, en las oficinas y la preocupación de proporcionar el mejor ambiente de trabajo, ubicando las reparticiones más numerosas en el perímetro del taller para que la mayoría de los obreros tenga una libre vista al exterior a través de los amplios ventanales» (Giuducci,1960, p. 29).
En la publicación de 1960, se halla la planimetría general donde
aparece, además de la fábrica, el proyecto de un barrio residencial. El artículo explica: «a
través de un espacio verde con instalaciones deportivas, se llega a un barrio residencial,
ubicado a espaldas del conjunto, muñido de todas las instalaciones colectivas: hoteles,
jardín de infantes, guardería, centro social».

Archivo de la Escuela N°38 Ingenieros Camilo y Adriano Olivetti.

Sistema

La cuestión acerca de las ideas arquitectónicas y espaciales buscadas por el
mismo Adriano surge ante la evidente variedad edilicia construida; ¿existen inquietudes
innegociables comunes a todas las obras? En su ensayo “La arquitectura, la comunidad y
el urbanismo” reflexiona que el arquitecto siempre «se hace urbanista, quiéralo o no»
(Olivetti, 1957, in Olivetti, 1962, p. 106). Las consideraciones hacia el ambiente estarán presentes en su obra y su destino es otorgarle un rostro nuevo a la naciente comunidad; sin realizar concesiones de tipo folklórico sino atendiendo a la «necesidad de radicación, la de encontrar en la tierra, en el paisaje y aún en las tradiciones las formas arquitectónicas» (ibid., p. 104). En su discurso de inauguración en 1955 ante los trabajadores de la fábrica en Pozzuoli proyectada por Luigi Cosenza, Adriano destaca su rigor racionalista y organización que la emparentan con la de Ivrea, y el respeto por la belleza del sitio. «Hemos querido también que la naturaleza acompañara la vida de la fábrica.
La naturaleza corría el riesgo de ser repudiada por un edificio demasiado grande, en el que las murallas cerradas, el aire acondicionado, la luz artificial hubieran tratado de transformar día a día al hombre en un ser distinto del que había entrado» (ibid, p. 122). Es por eso que la fábrica fue diseñada «a la medida del hombre justificando así las ventanas bajas y los patios abiertos y árboles en el jardín para excluir definitivamente la idea de una construcción y de un encierro hostil» (ibid.). Efectivamente, la solución en cruz adoptada lograba responder por un lado a la funcionalidad y futuras ampliaciones requeridas y, por el otro, adaptarse a un terreno en pendiente con magníficas visuales al mar. Las consideraciones arquitectónicas son siempre de índole psicológica. La perdida
«civilización de campesinos y pescadores» a la que continuamente hace referencia se
había convertido en la de los trabajadores industriales arrancados de su tierra, alejados
de la naturaleza, por lo que para evitar el alienamiento y las miserias de esta nueva
condición se debía siempre respetar el paisaje percibiéndose con amplitud desde el interior del edificio. Los elementos para lograrlo, en los espacios de trabajo, se encontraban en la eliminación de la masa muraria mediante la estructura puntual y la ventana corrida o el curtain wall, sinónimo de transparencia social, como así también en la incorporación de patios y terrazas para humanizar y dignificar el espacio reincorporando la naturaleza en los ambientes cotidianos de la fábrica.
La importancia otorgada al ambiente en el desarrollo de los espacios de referencia
humanos en oposición al desarraigo, indiferenciación y homogeneidad de la
máquina tiene correlación con las ideas ampliamente difundidas por Mumford, quien fuera el nexo por entonces con las utopías sociales del siglo XIX para repensar el urbanismo anglosajón. Mumford se refería a lo orgánico en términos sociales como «la desaparición de las barreras que separan lo interior de lo exterior, lo consciente de lo inconsciente, y el medio interno del externo».

Establecimiento industrial, Guardería y jardín de infantes, Proyecto de barrio residencial no realizado, Barrio Olivetti: 14 viviendas y Escuela N°38 Ingenieros Camilo y Adriano Olivetti. Nuestra Arquitectura N°371, octubre 1960 e imagen satelital.

Vínculos

Los intensos debates y manifestaciones culturales de los que fue escenario el país
durante la década siguiente a la inauguración de la planta en Merlo son considerados aún hoy por su significativa relevancia y sus implicancias de magnitud incluso política. Los conflictos en torno a la educación protagonizados por los movimientos estudiantiles, condicionantes del devenir del poder del Estado, marcaron el ritmo de los sucesos culturales. Inserta en este contexto, la amplia tarea de promoción
y auspicio cultural de Olivetti en Argentina fue emprendida mayormente en ámbitos
educativos.
La confianza en la transmisión de saberes como necesidad implícita para el progreso
industrial estaba ya presente en la importancia otorgada a las escuelas de aprendices en todas las sedes industriales construidas; de Argentina, con su infraestructura de aulas,
taller y biblioteca, no fue la excepción. Como sería de esperar de una empresa peninsular
de envergadura radicada en el país, Olivetti también jugó un papel clave, junto a Fiat
y Techint entre otros, en el acercamiento cultural entre Italia y Argentina por medio de instituciones educativas de trascendencia como la Asociación Dante Alighieri y la Asociación Cultural Cristóforo Colombo.
(…) Todas las experiencias fueron recogidas en las Ediciones Culturales Olivetti. Los textos de la versión grabada de las conferencias brindadas en la escuela fueron editados en formato de pequeños libros, algunos de ellos auténticas rarezas literarias pasadas por alto en biografías de los autores.41 Se ignora la gestación de estas ediciones, siendo probable que hayan sido realizadas por las mismas oficinas de diseño gráfico de la empresa. Por lo pronto, todas cuentan con el mismo formato y diseño de cubierta con el isotipo de Olivetti creado por Giovanni Pintori en duplicado y en diversos colores según la obra. Dentro de esta colección se conocen también otras publicaciones literarias de Olivetti que no corresponden a transcripciones de conferencias, como la traducción al castellano de «Venecia» de Julián Marías (1971) y «Auca-Nahuel» de Julio Eugenio Cordeviola (1969). La edición en 1968 de dos obras del pintor Carlos Alonso,
«Dante» y «La Divina Comedia» fueron distinguidas en la Bienal de San Pablo y en la
muestra del libro de Frankfurt representando a la Argentina. La sola mención de sus protagonistas debiera ser suficiente para rescatar del olvido estos eventos y otorgarles la merecida relevancia en los ámbitos culturales correspondientes. Su temática estrictamente literaria y artística es ajena a otras inquietudes políticas características de gran parte de los debates culturales de la época. Es llamativa
también la variedad y el antagonismo ideológico de sus expositores, lo cual revelaría un interés cultural amplio y genuino por parte de la empresa Olivetti en Argentina. De todos modos no se pueden dejar de notar cierta red de relaciones sugestivas: la participación de numerosos intelectuales del Grupo Sur o el caso de Jorge Romero Brest, director del Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella cuyo Centro de Investigación de Diseño Industrial (CIDI) realizaría una exposición de los productos y elementos gráficos de Olivetti en 1969.

Leopoldo Marechal (izq. sentado) junto a Miguel Ángel Bustos (centro) y Horacio Armani (der.) en la Escuela N°38 Ingenieros Camilo y Adriano Olivetti, 3 de abril 1970. Archivo de la Escuela N°38 Ingenieros Camilo y Adriano Olivetti.

Investigación

El interés por las propuestas regionalistas de planeamiento urbano llevado a cabo y
difundido por Adriano en su propio territorio tendría ocasión de ser plasmado en dosis pormenorizadas o al menos no orgánicamente articuladas en la sede extramuros de Merlo.
La estrategia edilicia priorizaría la ejecución del establecimiento fabril con una propuesta
icónica de enorme repercusión mientras las viviendas y la escuela, probablemente
iniciativas de organismos ajenos auspiciadas por Olivetti, serían la ejecución disminuida de una voluntad mayor nunca realizada.
Los hechos no constituirían mayor sorpresa tratándose de una empresa cuyo fin es recaudar dinero de no ser por el empeño dedicado a las actividades culturales emprendidas en los ciclos y jornadas.
Allí es donde se activan los mismos mecanismos de diversidad y amplitud de
selección promovidos previamente en Ivrea. Así como a lo largo del tiempo y a través de una variada elección de diseñadores y arquitectos se construyó esa Villa Adriana, esa colección de referencias o museo del futuro regido por un alcalde magnánimo, entusiasta y permeable a influencias que incorporaba múltiples corrientes en la construcción de la identidad visual de la empresa tanto en productos, gráfica y espacios; en su sede externa de Argentina se persiguieron similares objetivos ensayando una suerte de ágora porteña o ciudad-fábrica. En este último binomio el término «ciudad» se justificaría no tanto por las construcciones residenciales o educativas sino más bien por el rol de espacio de intercambio cultural propio de toda urbe. Si Adriano se había ocupado ante todo de alentar el protagonismo y libertad de acción de cada diseñador y de difundir su nombre en la participación de las realizaciones, nutriéndose así la calidad de la marca Olivetti
por medio de la multiplicidad de figuras que formaban parte de ella, de la misma manera entonces, los eventos en Buenos Aires se valieron de la sinergia de sus protagonistas, de la suma del aporte individual de distinguidos intelectuales para visibilizar ante el público local la identidad filantrópica de la institución empresarial. Se repite por lo tanto el collage, la puesta en escena bajo un mismo espacio de pluralidad de ideas y propuestas para reconstruir así un panorama completo de la cultura argentina.

Channel Heights, San Pedro. Arq. Richard Neutra. Fotografía: Julius Shulman. BOESIGER, W. (editor) (c1964). Richard Neutra, 1923-50: buildings and projects, London, Thames and Hudson.
Prácticas Académicas

Ficha Técnica

Políticas de oficio, tradición e innovación

Francisco Sambrizzi

UADE

investigación UADE/INSOD A14A06 “Fomento y Vanguardia: multinacionales en la Arquitectura Argentina. Los casos de Olivetti y Fiat”

dirigido por Mg. Arq. Silvio Plotquin y con la participación de Dra. Arq. Mariana Inés Fiorito.

Francisco Sambrizzi para UADE

2014

Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación UADE/INSOD A14A06 “Fomento y Vanguardia: multinacionales en la Arquitectura Argentina. Los casos de Olivetti y Fiat” dirigido por Mg. Arq. Silvio Plotquin y con la participación de Dra. Arq. Mariana Inés Fiorito.